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¿ACASO NO ARDE NUESTRO CORAZÓN?
(Lc. 24, 32)

Álbum 2026

La esperanza, junto con la fe y la caridad, forman el tríptico de las “ virtudes teologales” , que expresan la esencia de la vida cristiana (cf. 1 Co 13,13; 1 Ts 1,3). En su dinamismo inseparable, la esperanza es la que, por así decirlo, señala la orientación, indica la dirección y la finalidad de la existencia cristiana. Por eso el apóstol Pablo nos invita a “alegrarnos en la esperanza, a ser pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración” (cf. Rm 12,12). Sí, necesitamos que “sobreabunde la esperanza” (cf. Rm 15,13) para testimoniar de manera creíble y atrayente la fe y el amor que llevamos en el corazón; para que la fe sea gozosa y la caridad entusiasta; para que cada uno sea capaz de dar aunque sea una sonrisa, un gesto de amistad, una mirada fraterna, una escucha sincera, un servicio gratuito, sabiendo que, en el Espíritu de Jesús, esto puede convertirse en una semilla fecunda de esperanza para quien lo recibe. [Papa Francisco. Spes non confundit, cap. 18, 2025].

“Yo me dije: «No me acordaré de Él, ni hablaré más en su Nombre». Pero es dentro de mí como fuego abrasador, encerrado en mis huesos; me esfuerzo por soportarlo, pero no puedo.“ (Jr 20,9)

Durante el 2025, la Iglesia celebró el año jubilar de la Esperanza, como un tiempo de alegría, perdón y reconversión. Con ello, se nos invitó a renovar la Esperanza en nuestros corazones, haciendo frente a un mundo apurado y con crisis importantes, donde muchas veces el miedo y la duda nos impiden reconocer a Dios en nuestras vidas. Como dijo San Agustín, nuestro corazón está inquieto hasta descansar en Él, y el llamado del Papa Francisco no es otra cosa que una invitación a volver la mirada al rostro de la Esperanza, que es Cristo. Como proyecto quisimos sumarnos a esta fiesta de la Iglesia, recorriendo durante el año el camino de la esperanza. 

La frase que recoge el trabajo realizado durante el año es “Testigos de su amor, encendamos una llama de esperanza”. Con ese anhelo que nace de saberse profundamente amados por Dios es que nos unimos a esta Iglesia viva y en salida para, como instrumentos de Cristo, anunciar la esperanza. Fue un año lleno de alegría, perdón, encuentro, ensayos, apostolados, adoraciones, misiones, y mucho más.

El álbum es un fruto de todo esto, reflejando como fuimos testigos de la esperanza. Una esperanza que no se queda estática, sino que nos mueve a compartirla con todo aquel que quiera escuchar. Cantamos porque nuestro corazón arde cuando caminamos con Cristo.

 

A lo largo del álbum se puede visualizar ese camino recorrido. Partimos con canciones que nos hablan de un Dios que nos conoce, en el que podemos descansar, que nos regala la Fe y el Amor. Un Dios al que pertenecemos y en el que nuestro corazón descansa. Luego, damos un salto, abrazando el mensaje de la Esperanza. Con él se expresan anhelos de compartir y anunciar. Para terminar con las promesas de Jesús de la resurrección, el cielo, la vida eterna y sobre todo a quedarse junto a nosotros aquí en la Tierra y para siempre en la eternidad.

En Cristo fundamos nuestra vida, de su madre aprendemos la Santa confianza en lo que Dios sueña para nuestras vidas. ¡Acompáñanos en este peregrinar! Esperamos que este material pueda transmitir, aunque sea un poco, de la alegría y La Paz de vivir con Cristo. Y que como los discípulos de Emaús, nos miremos y nos preguntemos si acaso no ardía nuestro corazón compartiendo con Él una adoración, un rato de oración, una canción, un álbum, una misión y, en definitiva, mientras caminaba con nosotros la vida entera.

Revisa las canciones y reflexiones aquí.

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